Viveda-Duález: lo que sí está documentado sobre los suelos contaminados y las carencias ambientales del nuevo via
Viveda-Duález: lo que sí está documentado sobre los suelos contaminados y las carencias ambientales del nuevo vial
La polémica sobre el vial Viveda-Duález no empieza con la denuncia reciente de Cantabristas. Lo que ha ocurrido en esta obra tiene una cronología bastante más larga: una declaración de impacto ambiental con condiciones concretas, una paralización parcial por sospechas de contaminación, una contratación específica para analizar suelos y aguas subterráneas y, finalmente, la retirada de miles de toneladas de tierras en el entorno de Sniace y Riaño.
La pregunta importante no es solo si hubo un problema puntual durante la ejecución, sino si la obra terminó resolviendo de forma suficiente los riesgos ambientales heredados y si se llegaron a ejecutar todas las medidas correctoras y de integración previstas sobre el papel.
1) Un proyecto aprobado con condiciones ambientales
El nuevo vial entre Viveda y Duález fue sometido a evaluación de impacto ambiental ordinaria y obtuvo en 2018 una Declaración de Impacto Ambiental favorable con condiciones. En esa documentación aparecen medidas dirigidas a reducir el impacto sobre el entorno, incluyendo adaptación de drenajes como pasos de fauna, restauración paisajística, tratamiento de taludes, revegetación y cautelas frente a especies invasoras.
Ese punto es importante porque fija un marco: el proyecto no se autorizó como una simple obra de carretera sin más, sino con una serie de compromisos ambientales que luego pueden compararse con el resultado final. También consta que la tramitación tuvo que volver a exponerse públicamente por defectos formales en una fase previa, lo que ya anticipaba una gestión compleja del expediente.
2) La contaminación del suelo dejó de ser una sospecha menor en 2023
En mayo de 2023 se hizo pública la suspensión de un tramo de la obra para aclarar el origen y el tipo de contaminación presente en una finca cercana al trazado. La referencia al entorno industrial de Sniace y a posibles afecciones con elementos como arsénico colocó el debate en otro nivel: ya no se trataba solo de una queja vecinal o ecologista, sino de un problema con capacidad real para alterar la ejecución del proyecto.
La paralización parcial también dejaba entrever otra cuestión de fondo: construir sobre o junto a terrenos marcados por décadas de actividad industrial exige una caracterización previa muy fina. Cuando esa caracterización llega tarde o resulta insuficiente, el sobrecoste económico y el impacto ambiental acaban apareciendo en mitad de la obra.
3) El encargo oficial de 2024 confirma que el problema existía
En 2024 la Administración licitó un contrato para el análisis de suelos y la determinación de medidas para su tratamiento en el tramo de Duález. La propia documentación habla de investigar la calidad de los suelos y de las aguas subterráneas, identificar contaminantes, realizar análisis cuantitativos de riesgo y definir medidas que permitieran continuar la actuación con seguridad.
Además, se asumía expresamente que el trazado discurría en parte por terrenos del entorno Sniace y que cabía presuponer la existencia de restos de materiales procedentes de la actividad industrial. Es decir: el problema no era una invención de última hora, sino una contingencia reconocida formalmente en el expediente administrativo.
4) La inauguración de 2025 reconoció una retirada masiva de tierras
Cuando el Gobierno de Cantabria inauguró oficialmente la carretera en noviembre de 2025, admitió que el paso por la finca situada entre Sniace y Riaño había obligado a retirar 13.000 toneladas de suelos con distintos niveles de residuos, con un coste superior a los dos millones de euros. Ese dato oficial confirma que el problema de fondo fue material, costoso y determinante para el desarrollo de la obra.
La carretera entró en servicio como una infraestructura llamada a descongestionar el eje de Barreda y mejorar la movilidad comarcal, pero lo hizo dejando detrás una pregunta legítima: ¿se retiró solo lo imprescindible para abrir el vial o se actuó de manera integral sobre el entorno afectado?
5) Qué añade la denuncia reciente de Cantabristas
La denuncia pública difundida por Cantabristas en marzo de 2026 sostiene que en suelos colindantes al vial persisten hidrocarburos, metales pesados y elementos como arsénico, plomo, mercurio y bario. También afirma que varias medidas ambientales que figuraban en el proyecto no se habrían plasmado correctamente en la obra, entre ellas los pasos de fauna, la eliminación de especies invasoras, la reposición de suelo vegetal y la reforestación del entorno.
A día de hoy, esa parte debe formularse con precisión: la denuncia existe, es pública y encaja con el historial del expediente, pero no equivale por sí sola a una certificación técnica completa accesible al público. Lo que sí hace es volver a poner el foco sobre una cuestión incómoda: si la carretera se resolvió como infraestructura viaria, eso no significa automáticamente que el entorno haya quedado ambientalmente resuelto.
6) Lo que sí se puede afirmar con rigor ahora mismo
Con la documentación pública disponible se puede afirmar que el vial tuvo una evaluación ambiental con condiciones concretas; que hubo una paralización parcial por contaminación del suelo; que se encargó después un estudio específico para caracterizar y tratar esos terrenos; y que el propio Gobierno reconoció la retirada de 13.000 toneladas de tierras con residuos durante la ejecución.
Lo que todavía no está plenamente despejado en fuentes públicas accesibles es el detalle completo de las analíticas, los umbrales superados, la trazabilidad pública de todo el material retirado y una certificación fácilmente consultable sobre el cumplimiento íntegro de cada medida ambiental prevista en el proyecto inicial.
[CIERRE]
Por eso el debate real sobre el Viveda-Duález no debería reducirse a una pelea de titulares entre “obra terminada” y “denuncia política”. La cuestión de fondo es más simple y más seria: si una infraestructura atraviesa o roza terrenos marcados por un pasado industrial pesado, la transparencia sobre los suelos, los riesgos y las medidas correctoras no puede tratarse como un apéndice técnico. Tiene que ser parte central del balance público de la obra.
Comentarios
Publicar un comentario