Mitos sobre la desindustrialización española

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Mitos sobre la desindustrialización española

Ni Europa destruyó una potencia industrial perfecta para convertirnos en camareros, ni todo lo que se cerró era chatarra franquista inevitable. La historia real es más incómoda: productividad atrasada, salarios que dejaron de ser de semiperiferia, sectores sobredimensionados, banca protegida, privatizaciones estratégicas y una política industrial que muchas veces pagó sin mandar.
Análisis · La Guardilla
15 de mayo de 2026 / Archivo crítico / Serie: España industrial

Hay una versión muy extendida de la historia económica reciente de España: durante el franquismo el país habría construido una gran potencia industrial; después de la Transición, Europa habría exigido desmontarla para convertirnos en un territorio de sol, playa, ladrillo y turismo. Esa tesis tiene un punto de verdad, pero como explicación global es insuficiente.

También existe el mito contrario: todo lo que se cerró en los años ochenta era ineficiente, deficitario y condenado a desaparecer; la reconversión habría sido una cirugía técnica sin alternativas reales. Esa versión tampoco se sostiene.

Lo que ocurrió fue más complejo. España llegó a la crisis industrial de los setenta y ochenta con una base productiva relevante, pero muy desigual: algunos sectores eran modernos y exportables; otros dependían de salarios bajos, protección arancelaria, energía barata y ayudas públicas. La entrada en la Comunidad Económica Europea no inventó esa crisis, pero sí aceleró su resolución y estrechó el margen para seguir subvencionando sectores deficitarios. Al mismo tiempo, el Estado español asumió una enorme parte del coste del ajuste, sin convertir siempre ese esfuerzo en control público, nueva estrategia industrial o responsabilidades equivalentes para empresas y bancos.

La reconversión española no fue una conspiración europea pura ni una modernización neutral. Fue una crisis real gestionada mediante decisiones políticas concretas.

1) Antes de discutir mitos: ¿España tiene hoy industria?

Sí. España no es un país sin industria. En 2024, las empresas del sector industrial registraron una cifra de negocios de 857.826 millones de euros, generaron 206.064 millones de valor añadido y emplearon de media a 2,434 millones de personas.[1]

Además, la industria manufacturera —es decir, la fábrica en sentido estricto— concentró en 2024 710.363 millones de euros de facturación y 2,188 millones de ocupados, equivalentes al 82,8% de la cifra de negocios industrial y al 89,9% del empleo del sector.[1]

Ahora bien: eso no convierte a España en una potencia manufacturera equivalente a Alemania. Según el Banco Mundial, la manufactura representó en España alrededor del 10,8% del PIB en 2024.[2]

857.826 M€ Cifra de negocios del sector industrial español en 2024.
206.064 M€ Valor añadido generado por la industria en 2024.
2,434 millones Personas ocupadas de media en el sector industrial.
10,8% Peso aproximado de la manufactura en el PIB español en 2024.

Por tanto, dos afirmaciones pueden ser ciertas a la vez:

  • España no es solo bares y turismo. Tiene una industria considerable, exportadora y relevante.
  • España perdió peso manufacturero y soberanía industrial en sectores clave, especialmente en bienes de equipo, electrónica avanzada y centros de decisión tecnológica.

2) Primer mito: “Europa nos desindustrializó para convertirnos en playa”

La entrada en la CEE en 1986 fue importante. La perspectiva de integración europea hizo que España tomara como referencia las políticas comunitarias de reestructuración industrial, especialmente en sectores como siderurgia y construcción naval. El historiador José María Marín Arce recuerda que España negociaba en una posición débil: debía adaptarse a las exigencias comunitarias y no disfrutaba todavía de los planes de ayuda de los que sí se beneficiaban los países ya miembros.[3]

Eso significa que Europa sí condicionó la reconversión. No es un invento. La integración limitaba la posibilidad de sostener indefinidamente ciertas industrias con subvenciones y exigía adecuarse a cuotas, ayudas compatibles y competencia abierta.

Pero la crisis venía de antes. Marín Arce subraya que la reconversión española empezó con retraso respecto a otros países industrializados de la OCDE, que ya en 1974 y 1975 habían comenzado a ajustar sectores en crisis. España tardó más porque la Transición priorizó la estabilidad política y porque se intentó evitar un conflicto social inmediato.[3]

De hecho, entre 1977 y 1982, antes de la gran reconversión socialista y antes de la entrada en la CEE, la industria española ya había perdido alrededor de 600.000 empleos.[3]

Europa no inventó la crisis industrial española. Pero sí llegó cuando esa crisis ya estaba abierta y empujó a resolverla con disciplina comunitaria.

3) Segundo mito: “todo lo que había era industria franquista ruinosa”

El desarrollismo franquista construyó industria real. La España de los años sesenta y primeros setenta fabricaba coches, acero, barcos, electrodomésticos, fertilizantes, productos químicos, maquinaria y bienes de consumo. El problema no era la ausencia de industria, sino la calidad desigual de esa industrialización.

Una parte importante de la competitividad española descansaba en:

  • salarios comparativamente bajos;
  • proteccionismo arancelario;
  • crédito y subvenciones públicas;
  • mercado interior poco expuesto a la competencia internacional;
  • tecnología menos avanzada que la de las grandes economías industriales europeas.

Mientras un obrero español costaba mucho menos que uno alemán, una fábrica española podía seguir compitiendo aunque necesitara más trabajadores para producir lo mismo. Pero cuando subió el nivel de vida, aumentaron los salarios reales, se encareció la energía y se abrió la economía, ese modelo empezó a fallar.

La pregunta dejó de ser “¿tenemos fábricas?” y pasó a ser “¿cuánto valor produce cada trabajador y con qué tecnología?”. Ahí apareció el problema.

4) La mecánica real: de mano de obra barata a productividad insuficiente

La desindustrialización no ocurrió simplemente porque “la gente empezó a cobrar demasiado”. Esa explicación es ideológica y pobre. Lo que sucedió es que muchas empresas habían podido retrasar su modernización porque los salarios bajos y el proteccionismo reducían la presión para innovar.

Cuando España intentó converger con Europa en salarios, consumo y condiciones de vida, necesitaba también converger en productividad por trabajador, automatización, organización industrial y tecnología. En unos sectores lo logró. En otros, llegó tarde. En otros, directamente perdió la carrera.

El problema no fue que los obreros españoles empezaran a vivir demasiado bien. El problema fue que parte del empresariado había confundido competitividad con poder pagar poco.

La imagen simplificada sería esta:

Modelo Ventaja Límite
Industria protegida y barata Puede sobrevivir con mucha mano de obra y salarios bajos. Se hunde si suben costes y no mejora la productividad.
Industria tecnificada Produce más por trabajador, compite con calidad y escala. Requiere inversión, ingeniería, I+D y formación.

Por eso no basta con decir que Alemania o Francia tenían trabajadores más caros. Sus industrias también podían ser más productivas, más automatizadas y más integradas en cadenas de bienes de equipo, banca industrial, centros tecnológicos y formación profesional.

5) Qué fue exactamente la reconversión industrial

La Ley 27/1984 de Reconversión y Reindustrialización permitió articular planes sectoriales con ayudas financieras, avales públicos, subvenciones, bonificaciones fiscales, acceso preferente al crédito oficial y medidas laborales específicas.[4]

Cuando se habla de “ajuste laboral” no se está hablando solo de despidos. La ley previó:

  • expedientes de regulación y extinción de relaciones laborales;
  • suspensiones de contratos y reducciones de jornada;
  • ampliaciones de prestaciones por desempleo;
  • Fondos de Promoción de Empleo para recolocación y readaptación;
  • ayudas equivalentes a la jubilación anticipada para trabajadores de 60 o más años;
  • mecanismos para trabajadores que salieran con 55 años y accedieran a esos esquemas al cumplir 60.

La propia ley fijaba que, en determinados supuestos, la ayuda equivalente a la jubilación anticipada podía complementar la prestación hasta garantizar el 75% de la remuneración media de los seis meses anteriores, con los límites establecidos.[5]

Es decir: sí, cuando hablamos de ajuste laboral, hablamos en parte muy importante de prejubilaciones, pero también de desempleo, fondos de recolocación, indemnizaciones, reducciones de plantilla y cierre de centros.

6) Qué sectores absorbieron el golpe

La reconversión no afectó a todo por igual. Los sectores más significativos fueron la siderurgia y la construcción naval, que absorbieron casi dos tercios de los recursos públicos destinados a la reconversión, según Marín Arce. También entraron en los planes sectores como automoción, fertilizantes, parte de la química, electrodomésticos y bienes de equipo, especialmente maquinaria eléctrica.[3]

Sector Problema de fondo Lectura razonable
Siderurgia Sobrecapacidad, energía cara, competencia europea y necesidad de modernización. El ajuste era difícil de evitar; la disputa estaba en qué cerrar y cómo repartir el coste.
Naval Caída de demanda mundial, competencia asiática y exceso de capacidad. Parte del naval masivo era inviable; el debate era qué capacidad estratégica conservar.
Textil y confección Dependencia de trabajo intensivo y pérdida de ventaja salarial. El textil barato tenía mal futuro; faltó reconversión suficiente hacia segmentos de mayor valor.
Electrodomésticos Escala limitada, competencia exterior y atraso tecnológico relativo. Mucho tejido desapareció o quedó subordinado.
Automoción Necesidad de gran inversión y multinacionalización. Se modernizó, pero con dependencia de centros de decisión externos.

7) Tercer mito: “el Estado solo ayudó a los trabajadores”

Esta idea tampoco aguanta los datos. El Estado asumió una parte enorme del coste social de la reconversión, sí. Pero también soportó buena parte del saneamiento empresarial y financiero.

Marín Arce sostiene que una parte importante de las nacionalizaciones y créditos públicos de los primeros años de la Transición sirvió para proteger no solo empleo o capacidad productiva, sino también a accionistas mayoritarios y entidades financieras atrapadas por créditos impagados. Según su análisis, esas intervenciones tuvieron más que ver en bastantes casos con el saneamiento bancario que con una reestructuración industrial propiamente dicha.[3]

Su balance es especialmente duro: durante los años 1982-1988, cerca del 60% de los fondos públicos destinados a la reconversión habría ido al saneamiento financiero; mientras que las cantidades dedicadas al ajuste laboral —jubilaciones anticipadas, desempleo durante rotación de plantillas y compensaciones vía Fondos de Promoción de Empleo— no habrían llegado al 8% del total de fondos públicos para la reconversión durante 1979-1989.[3]

≈ 60% Fondos públicos de reconversión destinados a saneamiento financiero, según Marín Arce para 1982-1988.
< 8% Fondos destinados al ajuste laboral en el conjunto 1979-1989, según el mismo balance historiográfico.
La imagen de un Estado que “regaló prejubilaciones a los obreros” y nada más es falsa. El gran rescate fue también empresarial y financiero.

8) La pregunta clave: si el Estado pagaba, ¿por qué no mandaba?

Este es probablemente el punto político más importante. La Ley de Reconversión de 1984 no obligaba siempre a ello, pero sí permitía que, cuando una empresa recibiera subvenciones no ligadas a nuevas inversiones, pudiera exigirse la cesión temporal de derechos de voto a la sociedad de reconversión en proporción a las ayudas recibidas.[4]

Traducido: había base legal para aplicar una lógica sencilla.

“Si el Estado salva la empresa, el Estado obtiene poder equivalente.”

Sin embargo, esa idea no se convirtió en el eje general del proceso. El Estado español fue muy fuerte para financiar, avalar, sanear y absorber costes laborales. Pero fue mucho menos ambicioso a la hora de:

  • disciplinar a accionistas y bancos;
  • convertir ayudas en control estratégico;
  • retener empresas clave bajo una dirección pública o mixta;
  • reordenar sectores pensando a treinta años;
  • garantizar reindustrialización efectiva en los territorios golpeados.

No se trataba de salvarlo todo. Había plantas inviables. Había exceso de capacidad. Había sectores que necesitaban reducir tamaño. La crítica fuerte es otra: si el ajuste lo pagaba en gran parte el Estado, la sociedad podía haber exigido más poder sobre el resultado.

9) Francia y Alemania: también cerraron, pero no pensaron igual

Comparar España con Francia y Alemania no significa idealizarlas. Ambos países reconvirtieron, cerraron minas, redujeron siderurgia y transformaron regiones industriales. Pero sí conservaron herramientas estratégicas que España utilizó menos.

Francia: Estado accionista

Francia mantiene hoy una tradición más robusta de Estado accionista. La Agence des Participations de l’État gestionaba a 30 de junio de 2025 una cartera estimada en 209.100 millones de euros, con 86 entidades supervisadas y participaciones en sectores como defensa, aeronáutica, energía, telecomunicaciones, transporte y automoción.[14]

No significa que Francia no privatice ni que todas sus decisiones sean ejemplares. Significa que el Estado francés conserva de forma explícita la idea de que determinadas empresas son herramientas de soberanía.

Alemania: cogestión y transformación territorial

Alemania no se caracterizó por nacionalizar masivamente, pero sí por estructuras de cogestión más fuertes. La legislación de 1951 sobre carbón, hierro y acero estableció una presencia paritaria de representantes de accionistas y trabajadores en los consejos de supervisión de grandes compañías del sector.[15]

Además, el caso del Ruhr muestra otra forma de gestionar el declive. La minería del carbón duro pasó de unos 500.000 trabajadores en 1957 a unos 4.500 en 2016. Fue una desindustrialización enorme, pero desplegada durante décadas mediante subsidios, políticas regionales, universidades, infraestructuras y reconversión territorial.[16]

España también creó zonas de urgente reindustrialización en la Ley de 1984, pero los resultados no alcanzaron la escala de una transformación territorial comparable.[5]

10) Privatizaciones: no solo se vendieron ruinas

Otro mito es que las privatizaciones españolas consistieron únicamente en quitarse de encima empresas públicas deficitarias. No. Según la propia SEPI, entre las grandes operaciones se encuentran Repsol, Endesa, Telefónica, Tabacalera/Altadis e Iberia; además, empresas industriales como Aceralia acabaron integradas en grupos europeos como Arcelor, hoy ArcelorMittal.[13]

Estas privatizaciones pueden defenderse desde el argumento de la modernización, la obtención de ingresos y la apertura de mercados. Pero también pueden criticarse desde otro ángulo: el Estado español redujo su capacidad de dirección sobre energía, telecomunicaciones, siderurgia, banca y transporte aéreo justo en una fase en la que esos sectores definían buena parte del poder económico futuro.

La gran diferencia no es “mercado sí o mercado no”. La diferencia es si un país conserva herramientas para decidir estratégicamente cuando el mercado reorganiza sectores enteros.

11) Qué sectores son fuertes hoy y cuáles revelan nuestras debilidades

Hablar de “la industria española” en bloque lleva a errores. España es muy fuerte en algunos sectores y claramente dependiente en otros. Los datos sectoriales del Ministerio de Industria permiten ver la foto con más precisión.

Sector Datos 2023 Lectura
Alimentación, bebidas y tabaco 179.763 M€ de cifra de negocios;
500.651 ocupados;
48.079 M€ de exportaciones;
saldo comercial +12.796 M€.
Gran potencia industrial española, muy distribuida territorialmente y exportadora.
Automoción 93.364 M€ de cifra de negocios;
156.267 ocupados;
62.941 M€ de exportaciones;
saldo comercial +12.074 M€.
Éxito productivo notable, aunque con fuerte dependencia de multinacionales.
Química Productividad: 101,4 mil € por ocupado;
37.140 M€ de exportaciones;
saldo comercial +900 M€.
Sector de alto valor y relevancia estratégica, con buena posición competitiva.
Maquinaria y equipo mecánico 27.767 M€ de cifra de negocios;
123.085 ocupados;
20.904 M€ de exportaciones;
saldo comercial -4.492 M€.
Existe base industrial, pero España importa más maquinaria de la que exporta.
Productos informáticos, electrónicos y ópticos 6.531 M€ de cifra de negocios;
33.393 ocupados;
8.825 M€ de exportaciones;
29.552 M€ de importaciones;
saldo comercial -20.727 M€.
Uno de los grandes agujeros industriales del país: tecnología crítica y fuerte dependencia exterior.

Los datos permiten desmontar dos tonterías a la vez. No, España no es un páramo industrial. Pero tampoco basta con tener fábricas de alimentación o automóviles para afirmar que el país tiene resuelta su soberanía productiva. La debilidad en electrónica, equipos informáticos, instrumentación avanzada y cierta maquinaria revela una dependencia estructural.

12) Cuarto mito: “la industria está muerta porque nadie quiere trabajar”

También aquí hay una verdad parcial y una trampa. Sí existen dificultades reales para cubrir ciertos oficios técnicos. El SEPE identifica desajustes en actividades como la fabricación de productos metálicos, la reparación e instalación de maquinaria y equipo, la metalurgia o sectores industriales afines. Entre las ocupaciones problemáticas aparecen soldadores y oxicortadores, instaladores de cerramientos metálicos, carpinteros metálicos y ajustadores y operadores de máquinas-herramienta.[11]

Pero la causa no es simplemente que “la juventud no quiera currar”. En la encuesta del SEPE sobre desajustes de oferta y demanda de empleo, las causas más mencionadas incluyen falta de candidatos, falta de experiencia, desacuerdo en las condiciones laborales y falta de competencias técnicas.[12]

Causa del desajuste según encuesta SEPE Peso citado
Falta de candidatos 25%
Falta de experiencia 19%
Desacuerdo en condiciones laborales 17%
Falta de competencias técnicas 17%

Esto obliga a afinar el análisis. Hay un problema de relevo generacional y de formación, sí. Pero también hay empresas que buscan perfiles muy cualificados sin ofrecer siempre condiciones suficientemente atractivas. Y hay un país que pasó décadas desprestigiando la FP industrial, reduciendo el tejido de aprendizaje en los talleres y tratando los oficios como segunda opción.

No faltan solo jóvenes “con ganas”. Faltan cadenas de formación, condiciones que compensen y una cultura industrial que España dejó deteriorarse.

13) Qué se cerró porque no daba más de sí

Hay cierres que difícilmente podían evitarse en su totalidad. Conviene decirlo para no caer en nostalgia industrial sin análisis.

  • Parte de la siderurgia pesada estaba sobredimensionada para el nuevo mercado europeo y mundial.
  • Parte del naval de gran tonelaje afrontaba una caída de demanda y una competencia asiática durísima.
  • Textil y confección de bajo valor perdían la ventaja salarial frente a nuevos productores globales.
  • Electrodomésticos y ramas de bienes de consumo sufrían problemas de escala, inversión y diferenciación.

Negar eso es hacer propaganda. No todo podía salvarse ni todo debía mantenerse tal como estaba.

14) Qué se destruyó por decisiones políticas o por falta de estrategia

La otra parte del análisis es igual de importante. Que el ajuste fuera necesario no implica que la vía elegida fuera la única posible.

  • Se pudo exigir más control a cambio de ayudas públicas.
  • Se pudo hacer pagar más a accionistas, bancos y gestores fallidos.
  • Se pudo preservar con mayor ambición una red pública o mixta en sectores estratégicos.
  • Se pudo ligar mejor reconversión y reindustrialización territorial.
  • Se pudo usar el Estado para impulsar electrónica, bienes de equipo y tecnología propia con mayor continuidad.
  • Se pudo evitar que la modernización acabara interpretándose como “cerrar aquí y comprar fuera”.

El problema de España no fue solo que perdiera fábricas. Fue que, en varios terrenos, perdió capacidad de decidir. Una planta de automoción puede crear empleo y exportar mucho, pero si la decisión de inversión, plataforma, recorte o cierre se toma en Wolfsburgo, París, Detroit o Tokio, el país anfitrión tiene menos soberanía de la que parece.

15) Tabla de cierre: mitos, verdades y matices

Mito Qué tiene de verdad Qué oculta
“Europa destruyó nuestra industria.” La integración europea condicionó la reconversión y limitó ayudas. La crisis era anterior y muchos sectores ya estaban tocados.
“Todo lo franquista era inviable.” Había empresas deficitarias, atrasadas y sobredimensionadas. También había capacidades productivas reales y sectores recuperables.
“Los obreros cobraban demasiado.” Subieron salarios y costes. El problema profundo fue la falta de productividad, innovación y modernización empresarial.
“El Estado solo pagó prejubilaciones.” Las prejubilaciones fueron importantes. Una parte mayor del dinero fue a saneamiento financiero y empresarial.
“Las privatizaciones solo liquidaron ruinas.” Había empresas públicas problemáticas. También se vendieron activos rentables y estratégicos.
“Hoy no hay industria.” La manufactura pesa menos que en las grandes potencias industriales. España sigue teniendo una base industrial relevante y exportadora.
“Nadie quiere trabajar en industria.” Hay vacantes técnicas y falta de relevo. También pesan las condiciones laborales, la pérdida de FP industrial y el deterioro de los oficios.

16) Conclusión: ni conspiración simple ni tecnocracia inocente

La desindustrialización española no se explica con una sola consigna. No fue únicamente un saqueo de Europa. No fue únicamente culpa del franquismo. No fue únicamente una modernización inevitable. Y tampoco fue simplemente el resultado de que los trabajadores empezaran a cobrar más.

España había construido una industria importante, pero parte de ella era competitiva gracias a un modelo de salarios bajos, protección y apoyo público. Cuando ese modelo se agotó, había que modernizar. En algunos sectores se hizo con éxito: alimentación, automoción, química, parte del metal, ciertas ramas de transporte. En otros, España quedó rezagada: electrónica, productos informáticos, maquinaria avanzada y varios nodos estratégicos de decisión tecnológica.

La reconversión era necesaria en muchos casos. Pero la forma concreta de hacerla fue política. El Estado puso dinero, avales, prejubilaciones, ayudas y saneamiento financiero. La cuestión es que no siempre obtuvo a cambio poder proporcional, ni disciplinó suficientemente al capital, ni construyó una estrategia industrial de país comparable a la de Estados europeos que también reconvirtieron, pero conservaron más instrumentos de dirección.

La frase más justa sería esta: España no fue simplemente desindustrializada por Europa, pero tampoco se limitó a cerrar ruinas inevitables. Hubo crisis real, hubo presión europea, hubo atraso productivo, hubo decisiones políticas y hubo una renuncia demasiado temprana a pensar la industria como soberanía.

Por eso el debate sigue vivo. Porque la pregunta no es solo qué fábricas cerraron. La pregunta es quién pagó, quién se salvó, quién mandó después y qué país se decidió construir cuando España dejó atrás el viejo proteccionismo.

Fuentes y referencias

  1. INE · Estadística Estructural de Empresas: Sector Industrial. Año 2024 . Cifra de negocios industrial, valor añadido, empleo, peso de la manufactura y concentración por tamaño de empresa.
  2. Banco Mundial · World Development Indicators, Structure of value added . Peso de la manufactura en el PIB español en 2024.
  3. José María Marín Arce · “La fase dura de la reconversión industrial: 1983-1986” , Historia del Presente, nº 8. Reconversión, integración europea, pérdida de empleo, banca, distribución de ayudas públicas y peso de siderurgia/naval.
  4. BOE · Ley 27/1984, de 26 de julio, sobre Reconversión y Reindustrialización . Medidas financieras, subvenciones, avales y posibilidad de cesión de derechos de voto a cambio de ayudas.
  5. BOE · Ley 27/1984, capítulos VI y VII . Suspensiones, indemnizaciones, Fondos de Promoción de Empleo, ayudas equivalentes a jubilación anticipada y zonas de urgente reindustrialización.
  6. Ministerio de Industria y Turismo · Presentaciones sectoriales 2025: Alimentación, bebidas y tabaco . Datos estructurales y de comercio exterior de 2023.
  7. Ministerio de Industria y Turismo · Presentaciones sectoriales 2025: Automoción . Facturación, empleo, exportaciones y saldo comercial de 2023.
  8. Ministerio de Industria y Turismo · Presentaciones sectoriales 2025: Productos informáticos, electrónicos y ópticos . Datos estructurales y fuerte déficit comercial de 2023.
  9. Ministerio de Industria y Turismo · Presentaciones sectoriales 2025: Maquinaria y equipo mecánico . Datos de producción, empleo, exportación e importación.
  10. Ministerio de Industria y Turismo · Presentaciones sectoriales 2025: Química . Productividad, comercio exterior y posición sectorial.
  11. SEPE · Tendencias del mercado de trabajo en España 2025 . Desajustes en industria metálica, maquinaria y ocupaciones técnicas.
  12. SEPE · El ajuste de la oferta y la demanda de empleo 2025. Presentación . Causas declaradas de los desajustes laborales.
  13. SEPI · Balance de las privatizaciones . Repsol, Endesa, Telefónica, Tabacalera, Iberia, Aceralia y otras operaciones.
  14. Agence des Participations de l’État · Annual Report 2024-2025 . Cartera pública francesa valorada en 209.100 millones de euros y 86 entidades supervisadas.
  15. German History in Documents and Images · Co-determination in the Coal and Steel Industry, 1951 . Cogestión paritaria en carbón, hierro y acero.
  16. German Environment Agency · Analysis of the historical structural change in the German hard coal mining Ruhr area . Caída del empleo minero del Ruhr de unos 500.000 trabajadores en 1957 a unos 4.500 en 2016.
LA GUARDILLA · DESINDUSTRIALIZACIÓN · RECONVERSIÓN INDUSTRIAL · TRANSICIÓN · CEE · EUROPA · FRANQUISMO · PRODUCTIVIDAD · SALARIOS · PRIVATIZACIONES · INI · SEPI · SIDERURGIA · NAVAL · TEXTIL · AUTOMOCIÓN · AGROALIMENTARIA · QUÍMICA · ELECTRÓNICA · MAQUINARIA · SOBERANÍA INDUSTRIAL

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