La izquierda se equivocó de distopía

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La izquierda se equivocó de distopía

No estamos en una guerra civil de internet. Estamos construyendo una arquitectura de control que podrán heredar gobiernos reaccionarios y grandes corporaciones.
La Guardilla Editorial - Análisis político y cultura digital
18 de junio de 2026 - Cantabria
La Guardilla Editorial. Cultura, política, tecnología, trabajo y ruido desde Cantabria. Este texto no va contra proteger a los menores: va contra confundir protección con vigilancia permanente.
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Una parte de la izquierda está confundiendo el escenario. Cree que libra una batalla épica contra el fascismo en las redes, como si internet fuese una trinchera moral donde bastase con censurar mejor, prohibir más y elevar la vigilancia en nombre de una causa justa.

Pero el tablero real se parece menos a una película de milicianos y más a una distopía ciberpunk: Estados con reflejos de otro siglo, políticos que no entienden la tecnología, plataformas que viven del perfilado y grandes empresas preparadas para vender la infraestructura de seguridad, identidad, nube y análisis de datos.

La cuestión no es si hay que proteger a los menores. Claro que hay que hacerlo. La cuestión es otra: qué máquina estamos construyendo para protegerlos, quién la controla y qué pasará cuando esa máquina quede en manos de gobiernos mucho peores que los actuales.

1) La fantasía antifascista de internet

El error empieza en la imagen que cierta izquierda tiene de sí misma. Se ve como la última línea de defensa de la democracia frente a la extrema derecha. Esa imagen tiene algo de verdad, porque la extrema derecha existe, intoxica, organiza y aprovecha las redes. Pero también tiene mucho de teatro moral.

En esa fantasía, la política digital se convierte en un frente simbólico: bloquear, denunciar, pedir más moderación, pedir más control y exigir leyes que limpien el espacio público. La épica es cómoda porque permite sentirse en el bando correcto sin hacerse la pregunta materialista decisiva: quién ejecuta técnicamente ese control.

No se combate al fascismo regalando una máquina de identificación permanente.

España ha anunciado la intención de prohibir el acceso a plataformas digitales a menores de dieciséis años y obligar a las plataformas a implementar sistemas efectivos de verificación de edad. El Gobierno lo presenta como protección de la infancia y recuperación de la gobernanza digital. El objetivo puede ser legítimo; la infraestructura que se normaliza es el problema. Fuente: La Moncloa.

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