La mujer de paja

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La mujer de paja

Ester Expósito, El Xokas y el cambio de ciclo que ha sustituido al «facha» imaginario por un arquetipo progresista, intolerante y monolítico.
Opinión y cultura digital - La Guardilla
16 de julio de 2026 - Polarización y redes
La Guardilla Editorial. Un análisis sobre caricaturas políticas, palabras gatillo y el desplazamiento de la hegemonía cultural en internet.
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Ester Expósito dijo que no quería debatir con nazis. El Xokas no se limitó a discutir si esa negativa era inteligente, democrática o útil: convirtió a la actriz en representante de una doctrina completa. Ya no hablaba únicamente de una frase, sino de «las mujeres como ella», de feminismo, adoctrinamiento, inmigración y de todo un paquete ideológico que Expósito no había expuesto.

La escena permite observar algo más amplio que otra polémica entre famosos. Durante los años 2010, ciertos espacios de la izquierda aprendieron a reconocer al «facha» antes de escucharle. Ahora una parte de la derecha cultural hace lo mismo con el «progre»: basta pronunciar determinadas palabras para que aparezca una persona imaginaria, coherente, radical y culpable de todas las contradicciones de su bando. Esa figura es la mujer de paja.

1) Una mujer que apenas necesita hablar

La polémica empezó con una afirmación muy concreta. Expósito sostuvo que no dialogaría con personas nazis porque hacerlo puede normalizar una ideología que no considera una opinión más. Se puede discrepar de ese criterio. También se puede preguntar quién decide a quién se llama nazi, cuándo el debate legitima al adversario o cuándo negarse a discutir acaba reforzándolo. Había material de sobra para una conversación política real.

Sin embargo, la respuesta viral de El Xokas se desplazó rápidamente desde el argumento hacia la clasificación personal. Expósito dejó de ser una actriz que había pronunciado una frase discutible y pasó a ser una mujer «adoctrinada», perteneciente a una clase reconocible de mujeres con las que él no querría relacionarse. Incluso la valoración política quedó mezclada con una puntuación de atractivo: mejor una mujer menos guapa que una mujer «como ella».

El paso decisivo no es el insulto ni la grosería, sino la sustitución. Ya no se responde a la persona presente, sino a una figura compuesta por declaraciones, memes, excesos militantes y prejuicios acumulados durante años. Expósito apenas tiene que defender una posición para que el arquetipo complete por ella todo lo demás.

«La mujer real desaparece y queda la mujer de paja: feminista, comunista, censora, buenista, vegana y enemiga de los hombres, aunque nadie haya demostrado que sostenga ese programa.»
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