Lo que previó BioShock Infinite de la sociedad americana

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Lo que previó BioShock Infinite de la sociedad americana

Columbia no inventó una distopía: exageró rasgos cotidianos de Estados Unidos hasta volverlos imposibles de ignorar.
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28 de junio de 2026 - Análisis cultural
La Guardilla Editorial. Videojuegos, cultura política y ficciones que dicen más del presente que muchas tertulias.
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En BioShock Infinite todo parece exagerado: una ciudad suspendida en el cielo, un profeta convertido en gobernante, los Padres Fundadores tratados como santos, rifles vendidos como si fueran refrescos y una élite blanca que vive entre jardines mientras inmigrantes y trabajadores mantienen las máquinas en marcha.

Pero Columbia no funciona porque sea una fantasía extravagante. Funciona porque casi ninguna de sus piezas es inventada. El juego tomó elementos reconocibles de la historia y de la vida política estadounidense —la Exposición de Chicago de 1893, el excepcionalismo nacional, el segregacionismo, las guerras laborales, el fundamentalismo religioso, la cultura armada y la obsesión por reescribir el pasado— y los apretó dentro de una misma ciudad. Más que una profecía, construyó una maqueta de Estados Unidos con todos los reguladores al máximo.

1) Columbia no es otro país: es Estados Unidos pasado por un amplificador

La comparación más fácil consiste en mirar a Comstock y buscar un político concreto. Es también la menos interesante. Columbia no representa a un presidente, a un partido o a una década. Representa una forma de imaginar América: elegida por Dios, técnicamente superior, moralmente inocente y autorizada a ejercer violencia porque siempre cree estar defendiendo la civilización.

Ken Levine explicó antes del lanzamiento que el concepto de Columbia nació unido al excepcionalismo americano y a la lectura de The Devil in the White City, sobre la Exposición Mundial de Chicago de 1893. También reconoció que los Fundadores recordaban a movimientos conservadores contemporáneos y los Vox Populi a las protestas económicas de su momento. No era casualidad: el juego estaba mezclando el cambio de siglo con conflictos políticos que ya volvían a circular en 2011.

“Columbia no predice que Estados Unidos vaya a convertirse en una ciudad flotante. Enseña que una sociedad puede modernizar su tecnología sin modernizar sus mitos.”
BMC Buy Me a Coffee
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