Cómo Hispania dejó de ser romana
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Cómo Hispania dejó de ser romana
Si miramos un mapa escolar, la historia parece sencilla: en el año 409 entraron suevos, vándalos y alanos; en 476 cayó el Imperio romano de Occidente; después llegaron los visigodos. Una fila de fichas sustituyendo a otras sobre el mismo tablero.
El problema es que casi nada ocurrió así. Cuando los primeros grupos atravesaron los Pirineos, Hispania ya estaba metida en una guerra civil entre romanos. Durante las décadas siguientes, emperadores, usurpadores, generales, reyes federados, obispos y aristócratas locales se aliaron, se traicionaron y se contrataron mutuamente. Roma no perdió la Península en una batalla: fue dejando de ser la única autoridad capaz de cobrar, negociar y mandar soldados.
La temporada anterior
Alarico había demostrado que un jefe godo podía servir al Imperio, presionarlo, colocar un emperador y saquear Roma cuando no le pagaban. En Hispania veremos el mismo sistema a mayor escala: un Estado que aún conserva enorme prestigio, pero que resuelve sus problemas entregando armas, tierras y autoridad a intermediarios cada vez más autónomos.
1. Antes del lío: Hispania seguía siendo romana
A finales del siglo IV había provincias, capitales administrativas, obispos, grandes propietarios, ciudades y una red fiscal todavía operativa. El problema era militar: Hispania era una retaguardia y no concentraba los ejércitos que Roma necesitaba en el Rin, Italia o los Balcanes.
Cómo leerlo: Las líneas provinciales son aproximadas. Mérida encabezaba la diócesis de Hispania; Tarraco articulaba el noreste. La riqueza y la administración no equivalían a disponer de una gran fuerza de reacción.
Hispania no era una ruina esperando una invasión
En 395, tras la muerte de Teodosio, Hispania seguía formando parte plenamente del Imperio romano. En sus ciudades continuaban actuando magistrados, funcionarios, recaudadores, obispos y aristócratas. Las grandes villas rurales podían exhibir mosaicos carísimos mientras las rutas marítimas y terrestres conectaban la Península con la Galia, África e Italia.
Eso no significa que todo funcionase como en el siglo I. Algunos edificios públicos se reutilizaban, las élites invertían más en propiedades privadas y espacios cristianos, y el Estado tenía dificultades crecientes para mantener ejércitos permanentes en todas partes. Pero una transformación lenta no es lo mismo que un derrumbe previo.
La trampa consiste en imaginar que, si Roma era rica y urbana, también debía tener una legión detrás de cada muralla. Hispania podía seguir siendo fiscal, jurídica y culturalmente romana mientras dependía de tropas que estaban muy lejos.
El Imperio que todavía imponía respeto
El disco de Teodosio representa una corte ordenada, jerárquica y ceremonial. Esa imagen no era falsa: la autoridad imperial conservaba prestigio, leyes, impuestos y una maquinaria administrativa gigantesca.
La grieta: el ceremonial podía seguir intacto mientras la fuerza militar se fragmentaba entre generales, familiares imperiales y contingentes federados.
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El reparto: quién quiere quedarse con qué
Honorio
Necesita conservar la dinastía y que nadie convierta la Galia o Hispania en la base de otro emperador.
Objetivo: sobrevivir a usurpadores, generales y aliados sin entregarles demasiado poder.

Constantino III
Sus tropas lo proclaman en 407. Cruza a la Galia, obtiene obediencia y trata de incorporar Hispania antes de atacar a Honorio.
Objetivo: convertir una rebelión militar en un Imperio legítimo.
Geroncio
Entra en Hispania al servicio de Constantino III, rompe con él y fabrica su propio emperador.
Objetivo: conservar su ejército y su poder aunque tenga que cambiar de Augusto.

Máximo
Proclamado por Geroncio, acuña moneda como un emperador romano. No pretende fundar España: pretende gobernar Roma.
Objetivo: que una facción militar se convierta en autoridad legítima.
Hidacio
Vive en Gallaecia y cuenta guerras, embajadas, saqueos y portentos. Su mirada es local, romana, católica y muy apocalíptica.
Clave: es imprescindible, pero no es una cámara neutral colocada sobre toda Hispania.
Walia
Después del saqueo de Roma, acepta alimentos y reconocimiento a cambio de combatir en Hispania.
Objetivo: alimentar a su coalición y obtener un asentamiento estable.

Gunderico y Genserico
Sobreviven a las campañas romanas, bajan a la Bética y terminan convirtiendo el mar en su mejor territorio.
Objetivo: escapar del cerco peninsular y apoderarse de los recursos africanos.

Hermerico, Requila y Requiario
De una presencia limitada en el noroeste pasan a tomar Mérida y Sevilla, negociar matrimonios y atacar provincias romanas.
Objetivo: transformar una coalición militar en una autoridad territorial.

Mayoriano
Entra personalmente en Hispania para reunir una flota y atacar a los vándalos en África.
Objetivo: recuperar la fuente de impuestos y alimentos que podía salvar Occidente.
La temporada completa · 395-476
2. El primer golpe fue una guerra entre romanos
Constantino III necesitaba Hispania para proteger su retaguardia. Los familiares de la dinastía de Teodosio organizaron resistencia; Constante y Geroncio entraron para aplastarla. Antes del cruce de 409, ya había ejércitos, ejecuciones y cambios de obediencia.
Cómo leerlo: Las flechas muestran facciones romanas. La entrada de los pueblos del Rin se produce cuando los pasos pirenaicos y las tropas de la zona están atrapados en esta disputa.
Constantino III: el salvador de Britania que decidió ser emperador
En 407, las tropas de Britania proclamaron a Constantino III. Cruzó a la Galia y consiguió que ciudades, funcionarios y unidades militares lo aceptaran. El nombre ayudaba: llamarse Constantino permitía presentarse como heredero del gran emperador del siglo IV, aunque no existiera parentesco.
Para sobrevivir no bastaba con mandar en Britania y parte de la Galia. Necesitaba controlar Hispania, porque allí vivían miembros y partidarios de la familia de Teodosio que podían mantener la lealtad a Honorio o lanzar su propia rebelión.
Dos de esos parientes, Dídimo y Veriniano, reunieron fuerzas privadas entre sus dependientes y propiedades. Esto ya explica el paisaje político: la defensa de la dinastía no descansó únicamente en un ejército estatal, sino también en aristócratas capaces de movilizar hombres por su cuenta.
Constantino envió a su hijo Constante y al general Geroncio. Derrotaron a los parientes imperiales, ejecutaron a Dídimo y Veriniano y desmontaron la resistencia. Teodosiolo y Lagodio, otros miembros de la familia, escaparon hacia Italia y Oriente.
Geroncio descubre que él también puede fabricar un Augusto
Después de ganar Hispania para Constantino III, Geroncio rompió con él. Las razones concretas se pierden entre versiones parciales, pero la lógica es familiar: controlaba tropas, territorio y acceso a recursos. ¿Por qué seguir obedeciendo a un jefe que podía sustituirlo?
Geroncio proclamó emperador a Máximo. La moneda acuñada en Barcino lo presenta con los símbolos habituales de un Augusto. No aparece como rey de Hispania ni como fundador de un nuevo país. Aparece como emperador romano, porque la marca «Roma» seguía siendo la forma más eficaz de convertir la fuerza en legitimidad.
En aquel momento había al menos tres proyectos occidentales: Honorio en Rávena, Constantino III en la Galia y Máximo en Hispania. Todos utilizaban funcionarios, cargos, monedas y títulos romanos. La estructura imperial no había desaparecido; se la estaban repartiendo a golpes.

La prueba de que el decorado seguía funcionando
La moneda de Máximo muestra a Roma sentada y sosteniendo la Victoria. El usurpador no vende una ruptura con el Imperio: vende que él es el auténtico Imperio.
Salseo político: Geroncio no necesitaba destruir la institución imperial. Le bastaba con cambiar el nombre del hombre que aparecía en las monedas.
3. Año 411: el reparto que parece un mapa de países, pero no lo era
Hidacio dice que los grupos alcanzaron la paz y se distribuyeron las provincias. No conocemos un tratado completo ni sabemos cuánto intervino Máximo. La palabra «sorte» puede aludir a reparto por lotes, pero no permite dibujar aduanas y fronteras exactas.
Cómo leerlo: Una mancha indica que un grupo tenía capacidad de asentarse, exigir recursos o dominar rutas. Dentro seguían existiendo ciudades, propietarios y comunidades hispanorromanas con distintos grados de autonomía.
¿Geroncio les abrió la puerta?
En el otoño de 409, alanos, vándalos y suevos atravesaron los Pirineos después de pasar varios años en la Galia. La explicación tradicional habla de pasos abandonados y de una frontera que simplemente dejó de funcionar.
Otra posibilidad, defendida por parte de la historiografía, es que Geroncio llegara a algún acuerdo con ellos o tolerase el cruce porque necesitaba aliados contra Constantino III. No conservamos el documento que lo demuestre, y conviene no convertir una hipótesis plausible en certeza.
Lo seguro es que entraron en el peor momento posible: la autoridad estaba dividida, los ejércitos respondían a emperadores rivales y las fuerzas que debían vigilar la frontera habían participado en la guerra civil.
No eran millones sustituyendo a millones
Los recién llegados formaban coaliciones de guerreros, familias y dependientes. Sus nombres —suevos, vándalos asdingos, vándalos silingos y alanos— identificaban agrupaciones políticas, no poblaciones cerradas y perfectamente uniformes.
Eran una minoría frente a la población hispanorromana. Su peso procedía de la cohesión militar y de la debilidad del mando central, no de una sustitución masiva de habitantes.
Cuando Hidacio describe hambre, peste, saqueos e incluso canibalismo utiliza un lenguaje bíblico y apocalíptico. La violencia y el colapso del abastecimiento fueron reales, pero su crónica refleja la mirada de un obispo galaico que interpreta el presente como castigo y fin de los tiempos.
Además, en su propio relato aparecen soldados y recaudadores romanos agravando la crisis. Para una comunidad, el peligro podía llegar de una partida sueva, de un ejército imperial que exigía suministros o de un propietario local aprovechando que nadie podía controlar sus cuentas.
«Llegaron los bárbaros y desapareció Roma»
Problema: la frase mezcla entrada, asentamiento, guerra civil y fin del gobierno imperial como si ocurrieran el mismo día.
Lo que vemos: Roma siguió enviando generales, negociando tratados y utilizando ejércitos federados durante más de medio siglo. Mientras tanto, ciudades y aristocracias aprendieron a pactar con quien tuviera fuerza real cerca.
4. Walia: el saqueador de ayer se convierte en policía imperial
Después de negociar con la corte, Walia recibió alimentos y combatió entre 416 y 418 contra alanos y vándalos silingos. Roma utilizó a los visigodos para desmontar los poderes que se habían asentado durante su propia guerra civil.
Cómo leerlo: Las campañas no implicaron una conquista visigoda permanente. Una vez cumplido el servicio, Walia fue retirado y su coalición recibió asentamientos en Aquitania.
Roma recupera Hispania… contratando a quienes habían saqueado Roma
El general Constancio, hombre fuerte de Honorio, logró eliminar a Constantino III y reconstruir temporalmente la autoridad de Rávena. También negoció con los godos de Walia, que estaban faltos de alimentos y buscaban un asentamiento.
El acuerdo era práctico: Roma proporcionaba cereal, reconocimiento y una salida territorial; Walia aportaba un ejército que el gobierno imperial no podía reunir con rapidez en Hispania.
Entre 416 y 418, los visigodos derrotaron a los vándalos silingos de la Bética y mataron al rey alano Ataces. Los supervivientes alanos y silingos buscaron protección bajo Gunderico, rey de los vándalos asdingos.
Después de la campaña, Constancio retiró a los godos y los instaló en Aquitania. Esto es crucial: Roma todavía podía orientar operaciones, repartir recompensas y decidir que su aliado no debía quedarse en la Península. Pero para imponer su decisión había necesitado precisamente a ese aliado.
El apaño crea el siguiente problema
Los suevos y vándalos asdingos sobrevivieron en el noroeste. En 419 entraron en guerra entre ellos. El oficial romano Asterio intervino y los vándalos acabaron desplazándose hacia la Bética.
En 422, el general Castino consiguió arrinconarlos. Pero se había peleado con Bonifacio, otro general vinculado a Gala Placidia, y sus auxiliares godos lo abandonaron o traicionaron en el momento decisivo. Castino fue derrotado y huyó a Tarraco.
Los vándalos no sobrevivieron porque fueran invencibles. Sobrevivieron porque el ejército que iba a destruirlos estaba compuesto por facciones romanas y aliados con fidelidades negociables.
5. Los vándalos convierten Hispania en una escala
Después de bajar a la Bética, atacar puertos y sobrevivir a Castino, la coalición de Gunderico y Genserico encontró una salida mejor: África, una región más rica y decisiva para el suministro de Italia.
Cómo leerlo: La línea representa un proceso de varios años, no una marcha única. En 429, Genserico trasladó al otro lado del Estrecho a guerreros, familias y dependientes.
De acorralados en Galicia a potencia marítima
Desde la Bética, los vándalos atacaron las Baleares, Cartagena y Sevilla. Gunderico murió en 428 y lo sucedió Genserico, que entendió la geografía política mejor que muchos generales romanos.
Hispania era un tablero disputado por suevos, romanos y visigodos. África, en cambio, ofrecía ciudades, impuestos, aceite, cereal y una posición desde la que controlar el Mediterráneo occidental.
En 429 la coalición vándalo-alana cruzó el Estrecho. Años después tomó Cartago y creó un reino que podía presionar Italia cortando recursos y lanzando incursiones navales.
El gran daño estratégico para Roma no fue que los vándalos hubieran ocupado temporalmente una provincia hispana. Fue que utilizaron esa experiencia para apoderarse de la región africana que financiaba y alimentaba buena parte del Occidente imperial.

El tablero era mediterráneo
La marcha de Genserico no fue una huida sin rumbo. África daba acceso a impuestos, puertos y redes marítimas. Desde Cartago, los vándalos podían atacar Sicilia, Cerdeña, Baleares e Italia.
Consecuencia: una crisis nacida en el Rin y agravada por la guerra civil hispana terminó cambiando el equilibrio económico de todo Occidente.
6. El reino suevo se viene arriba —y Roma llama otra vez a los visigodos—
Tras la marcha vándala, los suevos quedaron como principal coalición estable de la Península. Requila avanzó hacia Mérida y Sevilla; Requiario combinó conversión católica, matrimonio visigodo y campañas contra territorio romano.
Cómo leerlo: La extensión sueva indica campañas, tributos y control de ciudades estratégicas, no una administración uniforme. La flecha rosa muestra la intervención de Teodorico II en 456.
Hermerico: gobernar era negociar con los galaicorromanos
El reino suevo no nació controlando toda Gallaecia. Hidacio cuenta que comunidades fortificadas derrotaron y capturaron a partidas suevas, obligando a Hermerico a negociar. La población local no era una masa pasiva; podía reunir fuerzas, defender lugares elevados y utilizar a sus obispos o aristócratas como interlocutores.
El rey suevo dependía de la capacidad para alimentar a sus seguidores, obtener botín y alcanzar pactos con quienes conservaban tierra, redes urbanas y autoridad social.
Requila: de cuatro gatos militarizados a tomar Mérida y Sevilla
Requila, hijo de Hermerico, amplió brutalmente la escala. En 438 derrotó a Andevoto y obtuvo un gran botín. En 439 entró en Mérida, antigua capital administrativa de la diócesis. En 441 tomó Sevilla y, según Hidacio, extendió su poder sobre la Bética y la Cartaginense.
Eso no significa que cada pueblo tuviera un gobernador suevo. Significa que una minoría militar podía controlar ciudades, exigir obediencia, apropiarse de impuestos o tributos y obligar a las élites romanas a negociar.
Requiario: católico, casado con una princesa visigoda… y saqueador de provincias romanas
Requiario sucedió a su padre en 448 y profesó el cristianismo niceno, la fe de la mayoría hispanorromana. En 449 viajó a la corte visigoda y se casó con una hija de Teodorico I.
Sobre el papel era una integración perfecta: un rey suevo católico emparentado con la principal dinastía goda de Occidente. En la práctica atacó Vasconia, se alió con el dirigente bagauda Basilio, saqueó la región de Zaragoza y entró mediante engaño en Lérida.
La boda no creó una alianza eterna. Creó una relación que podía utilizarse mientras resultara útil.

No es su cara: es su memoria
No conservamos un retrato contemporáneo fiable de Requiario. Esta estatua fue realizada en el siglo XVIII y muestra cómo la monarquía española imaginó siglos después a un rey suevo.
El personaje real: un monarca capaz de usar religión, matrimonio y guerra sin que ninguna de las tres cosas le impidiera cambiar de alianza.
455: asesinan al emperador y todos comprueban hasta dónde pueden llegar
Valentiniano III había asesinado a su general Aecio en 454. Al año siguiente, antiguos hombres de Aecio asesinaron al propio emperador. La dinastía de Teodosio desapareció en Occidente y Roma entró en una sucesión de gobernantes cada vez más breves.
Requiario aprovechó el vacío y atacó la Tarraconense, que todavía obedecía al gobierno imperial. El emperador Avito y Teodorico II enviaron embajadas para exigirle que respetara los acuerdos. Requiario las rechazó.
Teodorico II, hermano de la mujer de Requiario, entró entonces en Hispania por voluntad y orden de Avito. El cuñado apareció al frente de un enorme ejército para castigar al cuñado.
El 5 de octubre de 456, los visigodos derrotaron a los suevos junto al río Órbigo, cerca de Astorga. Requiario huyó herido, fue capturado en Portucale y terminó ejecutado. Braga fue saqueada y sus habitantes capturados, aunque Hidacio señala que no hubo una matanza general.
La «restauración» visigoda dejó más poderes que antes
Teodorico no eliminó definitivamente el reino suevo. Tras la muerte de Requiario surgieron varios candidatos y facciones. Los visigodos repartieron armas, regalos e incluso esposas para influir en el resultado.
En 457, contingentes godos entraron en Astorga alegando órdenes romanas y después saquearon la ciudad. Palencia sufrió un destino semejante. Una fortificación cercana, Coviacense, resistió y obligó a los atacantes a retirarse.
Para los habitantes, la etiqueta «aliado de Roma» ofrecía poca protección cuando ese aliado necesitaba pagar a sus soldados con botín.
¿Quién necesitaba a quién?
La política funcionaba como una red de dependencias, no como dos bloques.
7. Cantabria: aparecer en el mapa imperial no garantizaba que llegara un ejército
En 456, unos cuatrocientos hérulos llegaron en siete barcos a la costa de Lugo. Una fuerza reunida localmente los rechazó. Durante la retirada saquearon las costas de cántabros y várdulos.
Lectura: una costa podía seguir figurando dentro del mundo romano y, al mismo tiempo, depender de milicias o redes locales frente a una incursión breve.
La Tarraconense: el lugar donde Roma aguantó más tiempo
El noreste mantuvo durante más tiempo una conexión directa con la corte imperial. Tarraco continuó como centro administrativo, los generales derrotados podían retirarse allí y las fuentes todavía llaman a la región provincia sometida a Roma en 456.
Pero el control estaba lleno de agujeros. En el valle del Ebro actuaban grupos llamados bagaudas. Durante mucho tiempo se interpretaron como una revolución campesina clara; hoy se prefiere hablar con cautela de coaliciones variables de campesinos, desertores, jefes locales y comunidades que escapaban a la autoridad fiscal y militar.
Roma envió a Asturio y Merobaudes contra ellos. En 454 fue Frederico, hermano del rey visigodo, quien los combatió en nombre del Imperio. La Tarraconense seguía siendo romana, pero parte de su orden interno ya era mantenido por un príncipe godo.
Las ciudades no se apagaron con el gobierno imperial
La arqueología no muestra un interruptor. En algunas áreas urbanas se desmontaron edificios y se reutilizaron materiales; en otras continuaron viviendas, talleres, iglesias y funciones administrativas.
Tarraco conservó una cultura política romana hasta muy tarde. Una inscripción dedicada al emperador Antemio en 472 demuestra que la identidad institucional imperial podía sobrevivir justo cuando los ejércitos de Eurico estaban a punto de arrebatarle el territorio.
La ciudad romana no desapareció porque cambiara el destinatario de los impuestos. Cambió la escala de sus edificios, el reparto del poder y la clase de autoridad que podía protegerla.
8. Mayoriano: el emperador que todavía podía cruzar Hispania
En 460, Mayoriano atravesó la Península con un ejército y se dirigió a la costa cartaginense. Su presencia demuestra que Roma aún podía organizar una operación gigantesca; su fracaso muestra la fragilidad de esa capacidad.
Cómo leerlo: Hidacio sitúa la pérdida de los barcos en la costa de la Cartaginense. La localización habitual es Portus Ilicitanus, cerca de la actual Santa Pola, aunque fuentes modernas han usado el nombre de Cartagena.
El último plan serio para arreglar Occidente
Mayoriano fue proclamado en 457 y no se limitó a posar con la corona. Recuperó posiciones en la Galia, obligó a Teodorico II a renovar su subordinación y preparó una invasión del reino vándalo.
El objetivo no era vengar una humillación. Recuperar África significaba recuperar impuestos, cereal, aceite, puertos y seguridad marítima. Sin esos recursos, el Imperio occidental dependía de una base fiscal cada vez más pequeña.
En mayo de 460 entró personalmente en Hispania. Se dirigió a la Cartaginense, donde se preparaba una gran flota. Los vándalos, avisados por traidores, capturaron o destruyeron los barcos antes de que pudieran cruzar.
El emperador tuvo que negociar y regresar. En 461, Ricimero lo detuvo y lo hizo ejecutar. Otra vez, el enemigo exterior había aprovechado una filtración; otra vez, un general romano eliminó al gobernante que intentaba reconstruir el Estado.

Un emperador de verdad, con recursos demasiado frágiles
Mayoriano acuñó moneda, promulgó leyes, dirigió campañas y cruzó Hispania. No fue un fantasma ceremonial. Su problema fue que el poder imperial dependía de generales, flotas y alianzas que podían desaparecer con una traición.
La ironía: el emperador que quiso recuperar África fue asesinado por el hombre fuerte de su propio régimen antes de poder intentarlo de nuevo.
9. Eurico y el mapa que ya no necesita al emperador
Desde 466, Eurico actuó cada vez menos como federado y más como soberano. Sus fuerzas penetraron en la Tarraconense entre 472 y 473. Cuando Rómulo Augústulo fue depuesto en Italia, la transformación hispana llevaba décadas en marcha.
Cómo leerlo: Las zonas meridionales y occidentales son deliberadamente rayadas: las fuentes no permiten afirmar un control visigodo uniforme de toda la Península en 476. Había autoridades locales, ciudades y espacios de obediencia cambiante.
Eurico deja de fingir que sólo está ayudando
En 466, Eurico asesinó a su hermano Teodorico II y tomó la corona visigoda. Aprovechó el hundimiento político de Occidente para conquistar territorios en la Galia y extender su influencia por Hispania.
Hacia 472-473, fuerzas visigodas penetraron en la Tarraconense. Las fuentes hablan de la toma de ciudades y de resistencia aristocrática provincial. No fue una sustitución demográfica: los conquistadores necesitaban escribanos, propietarios, obispos, jueces y redes fiscales de tradición romana.
Eurico no tuvo que inventar un país desde cero. Se apropió de una infraestructura política cuyos responsables locales llevaban décadas aprendiendo a obedecer a reyes federados, generales y emperadores de corta duración.
476: cae el emperador y en Hispania casi nadie cambia la agenda
Cuando Odoacro depuso a Rómulo Augústulo en Italia, los suevos llevaban más de sesenta años en el noroeste. Los vándalos gobernaban África. Los visigodos controlaban Aquitania y avanzaban por la Tarraconense. La intervención directa de una corte occidental era excepcional.
No hubo un pregonero llegando a Mérida para anunciar que la Edad Antigua había terminado. Las personas siguieron utilizando latín, derecho romano, monedas, caminos, títulos y edificios heredados. Los reyes sucesores gobernaron precisamente porque podían presentarse como protectores de ese mundo.
La fecha de 476 es útil para organizar un libro. No explica por sí sola cómo Hispania dejó de obedecer al emperador.
La caída fue una cadena de apaños
Constantino III utilizó Hispania para proteger su usurpación. Geroncio utilizó a Máximo contra Constantino. Los pueblos que cruzaron los Pirineos aprovecharon o negociaron dentro de esa guerra. Roma utilizó a Walia contra alanos y vándalos. Después utilizó a los visigodos contra bagaudas y suevos. Los suevos utilizaron matrimonios y pactos para ampliar su margen. Los visigodos utilizaron la legitimidad romana hasta que dejó de hacerles falta.
Cada apaño resolvía un problema inmediato y creaba un intermediario más poderoso. Al final no quedó un vacío que los reinos llenasen desde fuera. Quedó una administración, una sociedad y una cultura romanas dirigidas por autoridades que ya no necesitaban recibir órdenes de Rávena.
La historia en nueve frases
Ser retaguardia es cómodo hasta que la guerra civil llega a casa.
Constantino III convierte la Galia en su plataforma.
No llegan a un Estado unido, sino a varias autoridades rivales.
Las ciudades y comunidades romanas continúan dentro de esas manchas.
El saqueador de ayer se convierte en ejército imperial.
El problema peninsular se convierte en crisis mediterránea.
Para gobernarlas necesitan pactar con la sociedad existente.
La flota desaparece y el proyecto muere con él.
Roma sobrevive como cultura, derecho y lenguaje bajo otros gobernantes.
Fuentes y lecturas para no inventarnos el culebrón
Las fuentes del siglo V son fragmentarias y parciales. Se han separado los hechos más seguros de las interpretaciones discutidas —como el posible acuerdo de Geroncio con los grupos que cruzaron los Pirineos— y se han evitado fronteras excesivamente limpias.
- Hidacio, Crónica. Fuente principal para Gallaecia y buena parte de los acontecimientos hispanos. Traducción inglesa completa y anotada.
- Michael Kulikowski. Late Roman Spain and Its Cities. Síntesis fundamental sobre política, ciudades y cronología del siglo V.
- Pablo C. Díaz. “Barbarians in 5th Century Hispania”. Estudio sobre asentamientos, identidades y relaciones con la sociedad romana. Consulta académica.
- María Elvira Gil Egea. “Barbari ad pacem ineundam conversi: el año 411 en Hispania”. PDF en Dialnet.
- Francisco Javier Sanz Huesma. Estudio sobre Máximo y los problemas de la cronología política hispana. PDF en Dialnet.
- The New Cambridge Medieval History. Capítulo “The formation of the Sueve and Visigothic kingdoms in Spain”. Ficha editorial.
- Arqueología urbana. Estudios del CSIC sobre fortificaciones, transformación de ciudades y continuidad de asentamientos en los siglos IV y V. Ejemplo: la muralla de Tortosa.
- Imágenes y mapas. Monedas, estatuas y mapas históricos externos proceden de Wikimedia Commons. Los nueve mapas explicativos se han rehecho sobre una base geográfica de Natural Earth, de dominio público; las áreas de predominio, campañas y fronteras históricas son reconstrucciones divulgativas aproximadas.
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